jueves, 29 de marzo de 2012

Sobre la naturaleza de la religión

Quiero tratar aquí de dos pretensiones -entre otras muchas- de toda religión.
La primera es la pretensión de verdad, y por tanto de su universalidad. Toda verdad, al serlo, debe ser universal, aplicable en toda particularidad y circunstancia. En este caso, no se trata de una explicación del mundo, sino de la verdad interesante para salvar al ser humano de una naturaleza extraviada o inauténtica.
La segunda es una pretensión que considero consecuencia de la primera, pero únicamente aplicable a las religiones monoteístas, y no, por ejemplo en el budismo.

En los tres monoteísmos aparece un Dios que se preocupa por el hombre y le ofrece su salvación. Pero esta salvación supone de infieles o de otros seres humanos a los que se supone condenados...
Una precisión: ello ha sido causa de guerras y enfrentamientos entre diversas comunidades humanas que creen o que se creen con la Verdad.
Otra precisión: deberíamos distinguir de los tres monoteísmos una característica importante; de ellas, aparte del Judaísmo que se ha caracterizado por ser una minoría y desde hace más de dos mil años perseguido, el máximo representante del Cristianismo niega siempre la guerra y el enfrentamiento, condenándolo como tentación de Satanás (Lu 9, 51-55 /Lu 22, 49-52). Ello no es óbice a que sus seguidores hayan afilado las armas para enfrentarse a otros seres humanos.

Pero no quiero salirme del tema: ¿es necesaria la presencia de condenados o de condenar a algún otro para poder ser religioso?
¿La verdad religiosa universal supone que tiene que haber alguien condenado para poder existir por ella misma?
Tenemos, por la definición de verdad, algunos que la conocen y otros que la ignoran. Además también es cierto que puede haber personas que rechacen esa verdad... ¿pero si no la han conocido nunca? ¿O bien esa verdad es cognoscible por todos como rastro divino?
¿O si esa Verdad fue transmitida de voz por alguien que no vivió esa verdad y suposo un rechazo?
Hagamos un paréntesis intentando responder a estas cuestiones -que podrían ser muchas más-. La primera y la segunda presuponen un rastro de verdad en cada ser humano, más allá de la configuración social y cultural. La tercera, si alguien rechaza esa verdad en nombre de la inhumanidad, ¿no supone ya algo de la verdad, pues esa verdad se hizo humana según el Cristianismo?

Creo que todo ello nos lleva a saber qué es creer y qué supone.

Antes de responder, me gustaría mostrar la vía budista.
Esta vía no supone ninguna divinidad, sino la divinización del ser humano que accede a la iluminación por la propia meditación. Es decir, en este plano es el hombre que, con su esfuerzo accede al "Buddha".

En los monoteísmos, el hombre está perdido o caído, y necesita de la intervención divina para poder acceder a la salvación. Quizás tan sólo sea seguir su camino, seguir la propuesta de vida, porque toda otra vida no conlleva felicidad y lleva a un infierno -que ya está presente-.

Pero para acabar, parece haber otra contradicción inherente en las religiones reveladas. ¿Es Dios quien ya ha eligido a los creyentes y eso conlleva su conducta en este mundo? ¿Para qué entonces la Revelación si uno, haga lo que haga ya está salvado o ya está condenado? ¿Para qué Iglesia, si no para conocer un mensaje que en muchas ocasiones ha supuesto creerse salvado como opción para darse atributos cuasi divinos?

Últimamente sospecho que muchas defensas de Dios no son más que defensas para una estructura eclesial.