viernes, 20 de agosto de 2010

Dios gratis

     Que Dios sea gratis supone que lo podemos tener sin más. Pero ese "sin más", en el modo cuantitativo y acumulativo de nuestro vivir es igual a nada, porque Dios no es cantidad ni acumulación ni de tiempo, ni de espacio, ni de riqueza. Dios es -para nosotros- tan sólo en el ahora, en la propia vida.
     La gratuidad de Dios se vislumbra en el cambio en nuestras acciones para dejar de ser uno mismo, finito, con miedos y falta de perspectiva, para decidir vivir en redención, en un cambio de corazón que supone:
  • que le hayan reconocido individualmente con su nombre: llamada a uno
  • que ese nombre sea necesariamente y absolutamente irreemplazable: unicidad
  • que a ese individuo se le permita su libertad, por tanto, Dios se silencia antes nuestras decisiones y las acata 
  • que ese individuo sepa de un infinito que no tan sólo sostiene su realidad y la del mundo, sino que la conduce a su salvación, a su plenitud 
  • esa salvación no puede darse en el onanismo individualista -incluso de corte espiritualista- sino en la vivencia con el prójimo. Dios no puede hacer nada sin el reconocimiento y la aceptación de su designio en cada corazón humano.
    Bajo esas condiciones Dios es gratis. Sin ellas no quiere decir que Dios no se dé, sino que su entrega es vana y fútil.
    Todo lo dicho está explicitado en las siguientes afirmaciones: “Ama a Dios y haz lo que quieras” -San Agustín; “Ama a los demás como a ti mismo” -Evangelio Marcos; “Dios es amor” -evangelio de Juan;
    Toda iglesia debería ser fiel a estas afirmaciones.