miércoles, 23 de abril de 2014

Pecado / Culpa

Pecado y culpa no significan lo mismo

Hamartía, pecado en griego, denota el fallo del ser humano. El ser humano no alncanza su meta. Vive sin valorarse debidamente a sí mismo. Esá ciego para el verdadero camino que conduce a la vida. (...) La palabra alemana Sünde ("pecado") procede de raíces que significan "apartar", "separar", "cortar", "etraer para sí". Jürgen erbick dice que el pecado es la "absolutización de la perspectiva propia". Y describe el pecado como "la tendencia, vivida de manera cada vez de manera más irreflexiva, a extraer algo para sí sin tener demasiado en cuenta las circunstancias concurrentes, con menosprecio de los efectos secundarios que pued tener para los demás y lo demás, y a pasar alegremente por alto la responsabilidad por todo cuanto siga ocasionando esa intervención" . (...)

Uno se divierte y de esta manera "pasar alegremente por alto lo que se quita y se niega a aquellas personas con las que uno se divierte".

Uno extrae para sí los aspectos hermosos de la ida y deja de lado el sufrimiento. Se descarga éste sobre otros o se deja de prestar atención a quienes sufren.

Culpa
Quien se siente culpable difícilmente puede aceptarse a sí mismo. Y tiene la impresión de que no puede eigir nada para sí a la colectivización humana. Tiene la sensación de que los demás lo rechazarían en cuanto supieran el tipo de pensamientos y fantasías que hay en él o las maldades que ha comentido.

Paul Tillich entiende la culpa como la incapacidad de aceptarse a sí mismo. Y la redención es para él la aceptación de lo inaceptable.

Anselm Grün La redención / el significado de nuestra vida, pág. 18 - 19.

viernes, 19 de abril de 2013

El Infierno según CS Lewis

"Se debe representar el Infierno como un estado en el que todo el mundo está perpetuamente pendiente de su propia dignidad y de su propio enaltecimiento, en el que todos se sienten agraviados, y en el que todos viven las pasiones mortalmente serias que son la envidia, la presunción y el resentimiento" (...)
"Milton nos ha dicho que "diablo con diablo condenado mantiene firme concordia". Pero, me pregunto yo, ¿Cómo? Desde luego, no por amistad: un ser que aún puede sentir afecto no es todavía un diablo. También en este sentido mi símbolo me parece útil, porque permitía, por medio de paralelismos terrenales, describir una sociedad oficial sostenida enteramente por el miedo y la avaricia. En la superficie, los modales de sus habitantes son normalmente amables; la grosería para con los superiores de uno sería, evidentemente, suicida, y la grosería para con los iguales podría ponerles en guardia antes de que uno estuviese preparado para adelantárseles. Y es que, por supuesto, el principio rector de toda la organización es que "el perro se come al perro". Todos desean el descrédito, la degradación y la ruina de los demás: todos son expertos en el arte del informe confidencial, la alianza fingida, la puñalada a traición. Por encima de todo eso, sus buenos modales, sus expresiones de grave respeto, sus "homenajes" a los invaluables servicios prestados por los demás, constituyen una tenue corteza, que de vez en cuando se agrieta, y hace erupción la lava ardiente de su odio mutuo" (...)
"Me imagino que los diablos pueden, en un sentido espiritual, devorarse mutuamente; y devorarnos a nosotros, claro. Incluso en la vida humana hemos visto la pasión de dominar, casi de digerir al prójimo; de hacer de toda su vida intelectual y emotiva una mera prolongación de la propia: odiar los odios propios, sentir rencor por los propios agravios y satisfacer el propio egoísmo, además de a través de uno mismo, por medio del prójimo."
C.     S.  Lewis: "Cartas del diablo a su sobrino"

martes, 3 de abril de 2012

El Espíritu

El Espíritu Santo o tercera persona de la Divinidad es Dios. Su presencia se da por entendida en estos momentos, tras la aparición del Hijo. 
Este Espíritu guía a la Iglesia católica, y específicamente cuando se dan los dogmas y se canonizan santos. Es inspiración del Espíritu y en ello se queda el razonamiento por el cual los libros sagrados son los que son, los modelos de doctrina son los que son, y un largo etcétera... es palabra del espíritu.
El Espíritu Santo habla o al menos da ciertos criterios para expresar qué es la Divinidad o dar una serie de modelos de vida cristianos.

También se dice que no toda la Iglesia agota el Espíritu Santo sino que también actúa en el mundo, fuera de la misma Iglesia.

En algunos casos, la misma iglesia reconoce sus errores en la historia por no haber seguido el ejemplo cristiano. Es decir, en la Iglesia puede darse el error. Pero es la misma iglesia quien lo sanciona y declara. No creo que se haya dado la retirada de un santo de la santoral por haberse probado "falsa" su canonización. 

La religión sólo se prueba en razón de su fe, de la certeza que cada uno experimenta en relación a esa figura divina. Y ésta aparece en forma de "Espíritu".

Todo ello me deja en la simple observación de que la religión cristiana sólo puede vivirse. No sé si se puede transmitir, ni por palabra ni por deducción. La única forma de cristianizar es mostrar una vivencia en acción, la mostración de algún santo en sí mismo y que sea capaz de vivir a ese nivel de exigencia.

Crear lugares de experiencia de Dios. Todo el resto me parece vano, o lo que es lo mismo, dar suficiente poder a las palabras para describir a Dios, cuando sencillamente puede sólo indicar o balbucear porque el referente las anula.

jueves, 29 de marzo de 2012

Sobre la naturaleza de la religión

Quiero tratar aquí de dos pretensiones -entre otras muchas- de toda religión.
La primera es la pretensión de verdad, y por tanto de su universalidad. Toda verdad, al serlo, debe ser universal, aplicable en toda particularidad y circunstancia. En este caso, no se trata de una explicación del mundo, sino de la verdad interesante para salvar al ser humano de una naturaleza extraviada o inauténtica.
La segunda es una pretensión que considero consecuencia de la primera, pero únicamente aplicable a las religiones monoteístas, y no, por ejemplo en el budismo.

En los tres monoteísmos aparece un Dios que se preocupa por el hombre y le ofrece su salvación. Pero esta salvación supone de infieles o de otros seres humanos a los que se supone condenados...
Una precisión: ello ha sido causa de guerras y enfrentamientos entre diversas comunidades humanas que creen o que se creen con la Verdad.
Otra precisión: deberíamos distinguir de los tres monoteísmos una característica importante; de ellas, aparte del Judaísmo que se ha caracterizado por ser una minoría y desde hace más de dos mil años perseguido, el máximo representante del Cristianismo niega siempre la guerra y el enfrentamiento, condenándolo como tentación de Satanás (Lu 9, 51-55 /Lu 22, 49-52). Ello no es óbice a que sus seguidores hayan afilado las armas para enfrentarse a otros seres humanos.

Pero no quiero salirme del tema: ¿es necesaria la presencia de condenados o de condenar a algún otro para poder ser religioso?
¿La verdad religiosa universal supone que tiene que haber alguien condenado para poder existir por ella misma?
Tenemos, por la definición de verdad, algunos que la conocen y otros que la ignoran. Además también es cierto que puede haber personas que rechacen esa verdad... ¿pero si no la han conocido nunca? ¿O bien esa verdad es cognoscible por todos como rastro divino?
¿O si esa Verdad fue transmitida de voz por alguien que no vivió esa verdad y suposo un rechazo?
Hagamos un paréntesis intentando responder a estas cuestiones -que podrían ser muchas más-. La primera y la segunda presuponen un rastro de verdad en cada ser humano, más allá de la configuración social y cultural. La tercera, si alguien rechaza esa verdad en nombre de la inhumanidad, ¿no supone ya algo de la verdad, pues esa verdad se hizo humana según el Cristianismo?

Creo que todo ello nos lleva a saber qué es creer y qué supone.

Antes de responder, me gustaría mostrar la vía budista.
Esta vía no supone ninguna divinidad, sino la divinización del ser humano que accede a la iluminación por la propia meditación. Es decir, en este plano es el hombre que, con su esfuerzo accede al "Buddha".

En los monoteísmos, el hombre está perdido o caído, y necesita de la intervención divina para poder acceder a la salvación. Quizás tan sólo sea seguir su camino, seguir la propuesta de vida, porque toda otra vida no conlleva felicidad y lleva a un infierno -que ya está presente-.

Pero para acabar, parece haber otra contradicción inherente en las religiones reveladas. ¿Es Dios quien ya ha eligido a los creyentes y eso conlleva su conducta en este mundo? ¿Para qué entonces la Revelación si uno, haga lo que haga ya está salvado o ya está condenado? ¿Para qué Iglesia, si no para conocer un mensaje que en muchas ocasiones ha supuesto creerse salvado como opción para darse atributos cuasi divinos?

Últimamente sospecho que muchas defensas de Dios no son más que defensas para una estructura eclesial.

viernes, 24 de febrero de 2012

El filósofo nace o se hace...

Cuando era niño, recuerdo que tenía una afición: ir haciendo preguntas. Preguntas tales como "La lavadora sirve para lavar... ¿Quién hizo la lavadora? El hombre. ¿Y quién hizo al hombre? ...". En aquella época me aparecía como respuesta Dios.
Todo aquel que se refiera al niño como aquel personaje que pregunta y pregunta verticalmente, tiene razón. Ciertamente, ahora no se sabe si los niños preguntan "verticalmente" o si esta razón nuestra se ha quedado encerrada en un bucle infinito de respuestas acerca de las instrumentalidades que usa el ser humano.
Yo, que ya prometía como para poner en cuestión a todo dios -nunca mejor usada esta expresión-, recuerdo que me intrigaba especialmente una cuestión: ¿qué había hecho Jesús -o su familia- con todo el oro y la plata que le habían regalado cuando pequeño?.
La primera respuesta, ingenua, fue que seguramente lo habría repartido a los pobres.

Más adelante, y ya mayorcito, me di cuenta de dos cosas:
a. que los reyes magos quizás no hubieran dejado el preciado metal en el pesebre de Belén. Y por consiguiente, ¿qué habrían hecho en Belén sin regalos y siendo reyes? Cierto, podrían haber aparecido para adorar al recién nacido y darle tributo como Señor. Pero para mí, como niño, se me fruncía el ceño...

b. esta ya, en principio desde los conocimientos económicos, haber repartido tanto metal precioso a sus vecinos hubiera rendido a sus coetáneos y se hubiera notado el aumento de renta del vecindario. Cosa que parece que poco probable.

Ya en el presente, creo que la escena de visita al recién nacido, creo que los autores se propasaron en su deseo de magnificar el nacimiento de Jesús... no había nadie en el episodio, y como colofón, se empezó a mirar el nacimiento del Mesías, cuando ya había perecido y mostrado sus virtudes. Es decir, una alegoría, porque ante tamaña visita la Sagrada Familia debió empezar a impresionarse por el hijito... recién nacido y famosísimo.

Ahora bien, ?y si esta imagen es útil para acercarse a la Divinidad? Pero esta pregunta la resolveremos en otro próximo post.
De lo que no queda duda es de que uno al preguntar se intenta abastecer de respuestas... más tarde uno constata que sí, que estudió filosofía, incluso que es filósofo, y que se sabe algo más porque ha encontrado respuesta a algunos de sus interrogantes... aunque han aparecido nuevas preguntas sin respuesta.

sábado, 28 de enero de 2012

Mi abuela

En una ocasión mi abuela, en paz descanse, mientras volvíamos de visitar la tumba de mi abuelo, me confesaba: "Sí, si yo creo en Dios y que hay algo...".
Se paró unos segundos, como para pensarse bien qué iba a decir al momento, seguramente para atinar pero también para decírselo a un nieto raro, creyente en una familia de máximamente agnósticos.
"Hay algo, pero no creo en el Cielo"- sentenció.
"¿Y eso?"- le respondí. Pasaron por mi mente varias frases, sentencias... pero antes de que mi pensamiento hiciera más comparaciones lógicas mi abuela aclaró con su simplicidad mis elucubraciones...
"Sí, no puede haber cielo porque no puede caber tanta gente ahí".

viernes, 20 de agosto de 2010

Dios gratis

     Que Dios sea gratis supone que lo podemos tener sin más. Pero ese "sin más", en el modo cuantitativo y acumulativo de nuestro vivir es igual a nada, porque Dios no es cantidad ni acumulación ni de tiempo, ni de espacio, ni de riqueza. Dios es -para nosotros- tan sólo en el ahora, en la propia vida.
     La gratuidad de Dios se vislumbra en el cambio en nuestras acciones para dejar de ser uno mismo, finito, con miedos y falta de perspectiva, para decidir vivir en redención, en un cambio de corazón que supone:
  • que le hayan reconocido individualmente con su nombre: llamada a uno
  • que ese nombre sea necesariamente y absolutamente irreemplazable: unicidad
  • que a ese individuo se le permita su libertad, por tanto, Dios se silencia antes nuestras decisiones y las acata 
  • que ese individuo sepa de un infinito que no tan sólo sostiene su realidad y la del mundo, sino que la conduce a su salvación, a su plenitud 
  • esa salvación no puede darse en el onanismo individualista -incluso de corte espiritualista- sino en la vivencia con el prójimo. Dios no puede hacer nada sin el reconocimiento y la aceptación de su designio en cada corazón humano.
    Bajo esas condiciones Dios es gratis. Sin ellas no quiere decir que Dios no se dé, sino que su entrega es vana y fútil.
    Todo lo dicho está explicitado en las siguientes afirmaciones: “Ama a Dios y haz lo que quieras” -San Agustín; “Ama a los demás como a ti mismo” -Evangelio Marcos; “Dios es amor” -evangelio de Juan;
    Toda iglesia debería ser fiel a estas afirmaciones.